La Princesa que quería pintar la luna.

,

Otro café, el más dulce hasta ahorita. El más nostálgico, donde una figura del pasado está creando su futuro. Colores decoran un jardín lleno de magia. Murales que me recuerdan a todas esas personas cuyas historias plasmadas en muros hacen sonreír a clientes variados en todos los rincones del país. Un latte para el calor y una dona para las penas me acompañan. La perseverancia se junta con la felicidad de sueños realizados. Sueños que comienzan con: Érase una vez.

Érase una vez, Príncipe que no andaba en caballo pero en alfombra mágica. El Príncipe había recorrido todo el reinado buscando a una Princesa, su búsqueda lo había llevado a pantanos llenos de sapos y brujas que se hacían pasar por Princesas.

Por fin, después de tanto tiempo, el Príncipe escuchó una historia que lo hizo estremecerse: existía una Princesa bella de corazón y sonrisa. El Príncipe se propuso a conocerla, pero cuando la encontró se dio cuenta de que no era una mujer como las demás, la Princesa era especial.

Ella se encontraba en una torre color amarillo, maíz y naranja calabaza. En su torre, se decía que la Princesa estaba en su mundo y que todas las personas que vivían cerca de la torre irradiaban de felicidad al saber que ella estaba ahí.

Solamente tenían que levantar la mirada y ver las tonalidades de todos los colores que decoraban el cielo.

La Princesa pintaba los cielos, sobre su ciudad se podían mil y un formas de nubes que bailaban con el viento y lloraban con la lluvia. 

El Príncipe pidió un día direcciones a la torre, pero le dijeron que la Princesa no dejaba que cualquiera entrará a su torre y que él tenía que pedir la audiencia con ella, aunque tuviera que esperar 3 semanas.

La Princesa finalmente accedió, no se sabe si era por lo buen mozo que el Príncipe era o si la Princesa había escuchado que el Príncipe era también un trovador que siempre andaba buscando una nueva historia que contar.

Una vez en la torre, desde el primer paso, el Príncipe se dio cuenta de que se encontraba en un lugar especial. Gatitos con botas y sombreros de pajas caminaban en 2 y 4 patas atendiendo a la Princesa. Moviendo cubetas de pintura, pinceles, lienzos, lo que sea que su Princesa necesitará. 

En el techo, una nube color verde decoraba la habitación, flores y plantas se encontraban floreciendo por todos lado y hacían resaltar aún más el vestido amarillo de la bella Princesa que se encontraba frente a una especie de espejo o más bien dicho lienzo que brillaba.

El Príncipe pasó la noche con la Princesa hablando de las nubes, de sus viajes y de cómo la Princesa soñaba con algún día pintar las estrellas y obviamente la luna. Sin embargo, tal vez esta historia era demasiado hermosa para ser verdad y eso fue cuando la Princesa le admitió al Príncipe que su sueño de pintar las estrellas estaba cerca y que tenía que irse al otro lado del mundo donde unas monjas que pintaban únicamente de noche. Las monjas llevaban años pintando las estrellas, ellas eran las responsables de los horóscopos terribles y de los acertados. En ese monasterio, las monjas poseían un tipo de pintura diferente y donde se suponía que estaban los utensilios para pintar la luna y tal vez algún día una nueva galaxia. Utensilios que nadie había usado en años, pero que la Princesa estaba segura, que ella iba a poder utilizar si se lo proponía.

A la mañana siguiente, los dos se despidieron. Esa noche el Príncipe ya no supo de la Princesa, pero cuando veía el cielo, el Príncipe se puso triste porque cuando el cielo comenzó a llorar, él supo que ella no estaba pintando esa noche.

El Príncipe siguió sus aventuras, pero sabía que cada vez que viera color en su vida se iba a acordar a los cielos pintados por ella. Los cielos volvieron a llenarse de colores y de nubes, pero el Príncipe sabía que ya no eran las mismas nubes y colores con las que él soñaba todas las noches. 

La Princesa eventualmente logró pintar la Luna y la hizo sonreír para que el Príncipe supiera que aunque él estuviese lejos, ella siempre estaría feliz y sonriéndole. 

Me terminé llevando más sonrisas del café. 

Me llevé el recuerdo que la vida lo queramos o no sigue y las aventuras también.

Leave a comment